La primera memoria técnica que perdimos en la agencia nos dolió de una forma muy particular.
No perdimos porque la propuesta fuera peor. Perdimos porque no supimos leer lo que de verdad pedía el pliego. Escribimos ciento y pico páginas de las que estábamos orgullosos, llenas de creatividad y de frases tipo "esto les va a encantar". Y la puntuación técnica nos bajó los humos de golpe.
Ese día aprendimos una lección que ahora repetimos como un mantra: una memoria técnica no la valora un comité de creatividad, la valora alguien con una plantilla de criterios delante, tachando casillas una a una.
Qué es realmente un pliego (y por qué no es para inspirarte)
Para quien no viene de este mundo, un pliego es la lista de reglas del juego que redacta la administración antes de sacar un contrato a concurso. Te dice qué necesita, qué tiene que incluir la propuesta y, sobre todo, cómo se va a puntuar cada apartado.
Y aquí está el primer choque cultural para cualquier agencia: en la comunicación comercial gana la idea más brillante; en la licitación pública gana la propuesta que mejor encaja con lo que ya está escrito en ese pliego. Aunque suene menos "sexy" sobre el papel.
La regla de oro: la correspondencia literal
Esto cambia por completo cómo debes escribir. En una memoria no se gana por escribir más, sino por escribir exactamente lo que se pide, en el mismo orden y con el mismo lenguaje que usa el pliego.
Suena poco glamuroso, lo sabemos. Pero es la diferencia entre cobrar y no cobrar. Si el pliego pide un "plan de comunicación de crisis con protocolo de escalado en menos de 2 horas", tu memoria tiene que contener un apartado que se llame literalmente así.
No confíes en que el evaluador va a rebuscar esa información escondida en el párrafo cuatro de la página veintitrés: facilítale la vida. La correspondencia literal no es falta de imaginación, es respeto por cómo se evalúa un contrato público.
Mejoras verificables frente a promesas vacías
Aquí es donde muchas memorias se vienen abajo sin darse ni cuenta. Prometen cosas bonitas pero imposibles de comprobar: "máxima calidad", "atención excepcional", "resultados extraordinarios". Ningún evaluador puede puntuar eso, porque no hay forma de verificarlo el día después de firmar.
Lo que sí puntúa es lo concreto y lo medible:
- Reducir el tiempo de respuesta en redes de 24 a 4 horas.
- Entregar un informe mensual con indicadores fijos.
- Incluir 10 horas de formación al personal del organismo sin coste añadido.
Cifras, plazos y compromisos comprobables. Cero adjetivos vacíos.
Por qué debes perderle el miedo a la plantilla burocrática
Muchas agencias pequeñas evitan presentarse a licitaciones porque el formato les intimida: apartados numerados, extensiones máximas, firmas electrónicas… Entendemos ese miedo.
Pero ese formato rígido, una vez se entiende, en realidad te protege. Iguala el terreno de juego frente a agencias mucho más grandes, porque la administración no puede puntuar "quién parece más importante": solo puede puntuar quién ha respondido mejor.
Llevamos años presentándonos a licitaciones públicas. La creatividad en este sector no va en el texto bonito, va en cómo demuestras, con hechos comprobables, que vas a cumplir mejor que nadie lo que te están pidiendo. Nada más, y nada menos.
¿Vas a presentarte a un concurso y necesitas asegurar tu memoria técnica? Escríbenos y revisamos tu propuesta antes de enviarla.